14 May 2013 05:57 pm | La Néstor Vive
Reconstruyendo el peronismo: a 5 años de la asunción de Néstor en el PJ
El 14 de Mayo de 2008, Néstor Kirchner asumía institucionalmente el desafío de conducir el Partido Justicialista después de la descalificación de la lista opositora que conducía el entrerriano Héctor Maya por presentar enormes irregularidades.
Se vivían días conflictivos en todos los frentes: las patronales agrarias reforzaban su ofensiva destituyente y, con tal de preservar su renta extraordinaria sojera, parecían dispuestos a ir por todo y a desabastecer la mesa de los argentinos. En tanto, en el frente interno, el acto no estuvo exento de complicaciones: el enfrentamiento entre distintas fuerzas sindicales le dio un marco de violencia al acto.
Ante un estadio de Almagro colmado, Néstor eligió hacerse a un lado del foco de protagonismo y dejar que la Compañera Cristina diera el discurso de cierre. “Me permito invitar a nuestra compañera Presidenta a que nos dirija la palabra”. El mensaje fue claro: él estaba dispuesto a dar las batallas que fueran necesarias para que el Justicialismo sea una de las columnas que sostenga al gobierno de la Presidenta, al gobierno de su compañera de toda la vida.
El mandato de Néstor al frente del partido se propuso devolverle a las bases el protagonismo que habían perdido durante los 90, con la cooptación del PJ por las corporaciones que permitió el traidor Carlos Menem. Con la llegada del kirchnerismo en mayo de 2003, las fuerzas populares comenzaron a recuperar el centro de la escena y Néstor intentó devolverle esa esencia al partido. Devolverle al peronismo su verdadera identidad, la de ser un movimiento de masas capaz de defender en la arena política los intereses de los desprotegidos y de los sectores trabajadores.
Qué mejor momento, entonces, que 2008, con todo el complejo oligarca agroexportador decidido a llevarse puesta a la Compañera Cristina, y con las fuerzas populares de pie para sostener este proyecto de país en el que creemos; qué mejor momento que ése para ilustrar cómo el kirchnerismo vino para levantar esas banderas peronistas que la derecha había creído sepultadas, para demostrarles una vez más que no nos han vencido y que después del terrorismo de estado y de la traición del menemismo, estamos de vuelta una vez más. Para seguir transformando la Patria, para no ceder ante las presiones. Y para dar la pelea hacia adentro del partido, buscando desplazar a una derecha que se escuda vergonzosamente en el nombre de Perón y Evita, pero que de peronista no tiene un pelo. ¿O alguien puede creer que De Narváez, De la Sota, Juan Carlos Romero, los Duhalde, los Yoma y toda la camada de traidores que integran el autoproclamado "Peronismo disidente" tienen un pelo de peronistas?.
La gente no come vidrio, y Néstor entendió eso a la perfección. Entendió que era necesario recuperar el partido como instrumento para el cambio y no como una herramienta del status quo para seguir favoreciendo a los mismos de siempre, para que siga siendo un resorte de ese entramado que saqueó nuestro país durante los 90. Por eso, se dispuso a dar la lucha, con todas las dificultades que eso conlleva, para que el partido vuelva a ser lo que fue: el espacio desde donde construye política el campo nacional y popular y no la cueva donde se ocultan los falsos peronistas que hoy, ante el irrefrenable avance del proyecto que conduce la Compañera Cristina, no pueden evitar mostrar la hilacha.
“Voy a ejercer la responsabilidad de gobernar sin rencores, sin antagonismos y falsas divisiones artificiales en el pueblo”, prometió ese día Cristina, ante una derecha que se esforzaba –y se esfuerza- por mostrarla crispada, promotora de supuestos odios. En eso estamos Compañera. Construyendo poder popular para, como decimos con orgullo en la Marcha que nos identifica, seguir combatiendo el capital, unidos y organizados para defender todo lo que hicimos e ir por todo lo que falta.

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