miércoles, 29 de mayo de 2013

Posted: 29 May 2013 06:38 AM PDT
La desmesura de La Nación no se puede creer. En su nota editorial (es decir en la nota donde expresa la línea político-ideológica del periódico) del domingo nos advierte: "Los trágicos hechos que acompañaron la caída de la República de Weimar y el comienzo del Tercer Reich deben mover a reflexión a los argentinos".

Y amplía: "Hace 80 años el mundo fue testigo, silencioso y tolerante, de la gradual desaparición de una república y, en pocos meses, de la instalación de una dictadura con el apoyo entusiasta de la población y sus fuerzas vivas. La República de Weimar fue reemplazada por un régimen totalitario que concentró en una persona los tres poderes del Estado, eliminó los derechos individuales, controló la justicia, suprimió la prensa independiente y, finalmente, ejecutó el terrible Holocausto.

Salvando enormes distancias, hay ciertos paralelismos entre aquella realidad y la actualidad argentina que nos obligan a mantenernos alerta."

¡OK! Si las distancias son enormes, no habría nada que salvar. ¿Será que estarán salvando para no salvar, para que otros se hagan eco?

Si no es eso, es una obviedad, es como decir:


Salvando las enormes distancias, Juanita Viale es Sarah Bernhardt.

Salvando las enormes distancias, los "Petardos" son los "Monty Python".

Salvando las enormes distancias, el Mago sin Dientes es David Copperfield.

Salvando las enormes distancias, Belén Franchese es Alfonsina Storni.

Salvando las enormes distancias, Roberto Pettinato es David Letterman.

Salvando las enormes distancias, Miguel del Sel es Mel Brooks.

Salvando las enormes distancias, los pibes de TN Tecno son Bill Gates y Steve Jobs.

Salvando las enormes distancias, Lanata y Wiñaski son Carl Bernstein y Bob Woodward,

Salvando las enormes distancias, Aníbal Pachano es Bob Fosse.

Salvando las enormes distancias, Ricardo Arjona es Joan Manuel Serrat.

Salvando las enormes distancias, Carrió es Sibila.

Salvando las enormes distancias, Nik es Quino.

Y así podríamos seguir salvando enormes distancias hasta la próxima nota editorial zarpada.

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Ahora bien, lejos de ironías y al margen de la clara intención del diario La Nación de instalar una idea-fuerza haciendo "como que no", vamos a hablar seriamente: creo que es hora de dejar de banalizar algunos conceptos.

Práctica generalizada en la oposición, pero que en algunas ocasiones se desliza de este lado de la vereda.

Dictadura, nazismo, Hitler, fascismo, Ceaușescu, tiranía, Stalin...¡No jodamos!

Esos términos encierran mucho dolor, muchas calamidades, muertes, persecusión, torturas... 

Seamos respetuosos con las víctimas de esas desgracias. Por detestable, incluso por hijo de puta que consideremos al de enfrente, no son ni Hitler, ni Ceaușescu ni Stalin y pido disculpas por las imágenes que acompañan pero las creo necesarias para que cada vez que nos tentemos de usar analogías simplistas, las recordemos.

Seguramente, ante la falta de argumentos, de práctica política, de formación e información de los anti K, esto caiga en saco roto y seguirán hablando de dictaduras y vestirán a Cristina con uniforme nazi, hablarán de "juventudes hitlerianas" cuando se refieran a los noveles militantes del Proyecto, etc.; que no es el caso de los formadores de opinión, ellos saben bien que lo que dicen es un exceso absurdo e innecesario, pero tienen bien estudiado el efecto que causan sus asociaciones y por eso las usan; pero nosotros no debemos caer en esa banalización (de la que recuerdo que al menos una vez incurrí en este blog).

Que nuestra desmesura esté en el amor, el compañerismo, las ganas de saber, de debatir con altura, de nivelar para arriba...

Esto no quiere decir que nos pongamos solemnes, que dejemos de lado las chicanas y nos caguemos de risa de los patitos de Carrió, de la ñoñéz de Ricardito, lo burro que es Macri... de hecho la primer parte de este posteo arrancó para ese lado.

O acaso necesitamos asociar a Magnetto con Hitler (ponele) cuando alcanza con asociarlo con él mismo a través de las palabras de Lidia Papaleo: "... prefiero ver los ojos y la cara de mis torturadores, antes que ver los ojos de Magnetto en el momento en que me amenazaba para que firmara...".  No creo.

Y si tenemos o queremos insultar tenemos tantas maneras de hacerlo que ¿para que echar mano de ejemplos tan desproporcionados?

¿Que se yo, me parece? ¿No?

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