viernes, 10 de enero de 2014

El regreso de Messi y un rumor de samba tropical

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En los 30 minutos que jugó, el rosarino hizo más de eso a lo que nos tiene acostumbrados, como en una serie que se interrumpe por el receso invernal o veraniego, según desde donde se mire, para luego continuar con el guion estipulado.
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Por Ulises Castaño
Se lesionó como cualquier otro. Pero él no es cualquier otro. Empezaron a oírse las primeras especulaciones sobre los verdaderos motivos, implicancias y consecuencias. Se vino a Argentina. Acá era (es) verano. Pera para él no estalló el verano. En cambio, siguió con el proceso de recuperación. Apareció una foto familiar donde se lo veía tocando la guitarra; luego un video donde se lo veía prácticamente recuperado, esquivando conos y rematando al arco; después otro en el que hace un gol pateando de aire desde atrás del arco, a lo Ronaldinho. No estuvo en el partido despedida de Gabriel Milito. Voló de regreso a Barcelona para sumarse al plantel. Se dijo que fue directamente al club (yo lo imaginaba incluso saltando con paracaídas y el bolsito de entrenar oscilando, amarrado a su cintura, cayendo directamente sobre el verde césped) Hizo tres goles en la practica de fútbol reducido y el Tata Martino le inyectó un poco mas de mística diciendo que había vuelto con mirada asesina.
Estas fueron las noticias que nos llegaron de Messi durante los últimos dos meses. Chismes. Pero el alta médica era inminente. Finalmente, se supo que había sido convocado para el partido de ida por los octavos de final de la Copa del Rey frente al Getafe.
Mas allá de la infinidad de comentarios posibles, detalles e interpretaciones sobre la expectativa que generaba su regreso, la primera nueva entrega de esa novela entre el mejor jugador y el resto de ese mundo que a veces siquiera parece el mismo, se vio cuando ya estando al borde de la línea de cal esperando ingresar, y promediando los 15 minutos del segundo tiempo, al equipo catalán le dan un penal. Cesc Fábregas (autor del primer gol) se prepara para ejecutar. Como es sabido, el penal, como otras faltas, supone una momentánea interrupción del juego en la cual es posible realizar un cambio. La gente estaba (al menos el audio del Camp Nou que llegaba a través la tele) enardecida (un enardecimiento muy distinto al nuestro por otra parte; podría decirse que alláestallo el invierno) y pedía que Messi entrara directamente a ejecutar el penal. Una locura. No sucedió. Tal vez con Diego en Boca sucedía. Otra historia. Una alucinación producto de las altas temperaturas argentinas. Nostalgia. Una vez convertido el segundo gol, Messi entro (salió dicen los españoles) al campo.
En los 30 minutos que jugó, el rosarino hizo mas de eso a lo que nos tiene acostumbrados, como en una serie que se interrumpe por el receso invernal o veraniego, según desde donde se mire, para luego continuar con el guion estipulado. Barcelona jugo a piacere. Getafe se organizó bien, incluso tuvo sus oportunidades, pero una posesión de casi 70 % o mas en todo el partido terminan por agujerear cualquier defensa. Y ya con el killer adentro es una carnicería. Lo fue. A otra cosa.
Cundo escuché por primera vez la frase de Martino sobre la mirada asesina, pensé inmediatamente en aquel texto de Hernán Casciari que lleva por titulo Messi es un perro, donde sostiene la hipótesis de que una de las características que distinguen a Messi del resto es una suerte de férrea concentración de su mirada sobre la pelota, similar a cierto perro cuando jugaba con una esponja, a la que no le quitaba la vista de encima por nada del mundo.
Siguiendo con la hipótesis de Casciari, tal vez de tanto fijar la vista en la pelota, Messia habría terminado, mas que vizco, ciego. No seria raro. Es común que cuando se nos pone algo entre ceja y ceja (los goleadores tienen el arco) cuando estamos enamorados, o enfermos de celos, se nos diga que estamos ciegos. En esta condición, y con una idea fija, el tipo solo percibiría el sonido de los cascabeles que hay adentro de la pelota, mientras se mueve al ritmo de un samba tropical que acompaña la trayectoria del balón. Tal vez el hombre-perro de Casciari, en su arco evolutivo, habría dejado paso al hombre-murciélago (no confundir con otro de cuya reputación hay claroscuros aun irresueltos) y ese samba no seria otra cosa que la alerta de una cuenta regresiva venida de un país sudamericano y un futuro no muy lejano; que solo algunas especies evolucionadas consiguen oír de manera anticipada.

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