jueves, 30 de mayo de 2013

28 May 2013 10:06 am | Sudaka

Prioridades de gestión: A tres días de asumir, Néstor soluciona conflicto docente en Entre Ríos

Mirando desde la vereda del pueblo

“Es tan importante un chico de la Capital Federal como uno de Jujuy, Entre Ríos o Tierra del Fuego; todos tienen que tener el mismo acceso a la educación”. Con estas palabras, el presidente Néstor Kirchner rubricaba un acuerdo entre los gobiernos nacional y entrerriano y el gremio docente. Era un 27 de mayo de 2003. Parece un hecho normal de gobierno pero no lo es. El presidente había asumido hacía sólo dos días y ya había solucionado uno de los conflictos que llevaba años. En su discurso, al asumir su mandato, había declarado que tenía convicciones que no iba a dejar en la puerta de la Casa Rosada. Parece que el hombre sabía lo que decía y que estaba decidido a cumplir su promesa.

Cuatro años antes, y después de 1003 días, los docentes habían desarmado su Carpa Blanca ante la esperanza de soluciones anunciadas por el anterior presidente Fernando de la Rúa,  pronto se desilusionaron. Esta vez fue diferente y aunque el diario Clarín en su edición del 28 de mayo de 2003, titulara la noticia “Jugada de Kirchner en Entre Ríos”, el tiempo demostró que la “jugada” era, en realidad,  un nuevo estilo político: ir directamente al problema pero colocándose desde la mirada de los afectados y solucionarlo. De ahí en más, se dejarían de lado los “consejos” de los que mandaban desde afuera y no se “patearía la pelota para adelante”; la solución estaba en el mismo núcleo del conflicto. Así de fácil.

Pero nada fácil era la situación en que estaba la Argentina por esos años. Las políticas de ajuste aplicadas en toda América Latina, en lo que los economistas neoliberales llamaban “gastos” cuando, en realidad, eran inversiones (salud, educación, sueldos, jubilaciones), y el endeudamiento con organismos financieros mundiales habían llevado a nuestro país a una situación desastrosa. El 90% de la población se empobrecía sin remedio, crecía el desempleo y la indigencia. La Ley Federal de Educación implementada por Menem había empezado a mostrar sus consecuencias: la descentralización de los servicios educativos (administrativa y financiera) había convertido al Ministerio de Educación de la Nación en un ministerio sin escuelas ya que se habían transferido a las provincias el sistema escolar,  las escuelas medias e institutos de formación docente. Esto provocó una gran inequidad: los municipios con pocos recursos no podían dedicar más que lo imprescindible a sus escuelas (y a veces ni eso) y en consecuencia disminuía la calidad educativa. 

En medio de toda esta situación, los gremios docentes de la CTERA denunciaban la desfinanciación del sistema educativo en las provincias. Apelaron a formas creativas de protesta docente como la Carpa Blanca, instalada en la Plaza de los dos Congresos (CABA) en 1997. El conflicto, a partir de ese momento, se nacionalizó. Con la Carpa y el ayuno rotativo de los docentes, los sindicatos docentes dieron visibilidad a los reclamos que, fundamentalmente, eran: una Ley nacional que garantizara, con recursos genuinos y permanentes, un fondo de financiamiento de la educación pública y el pago a término de los salarios docentes en las veinticuatro provincias del país.

Como ya se ha dicho, la Carpa duró 1003 días. . Su color blanco era el símbolo de los guardapolvos y la referencia a la Marcha Blanca de 1988.  Se podían ver maestros con carteles colgando con consignas como “maestro argentino ayunando” y “hoy todos somos maestros”. Se realizaron movilizaciones, personalidades como Quino, Fontanarrosa, Joan Manuel Serrat visitaron la Carpa. Se consiguieron un millón y medio de firmas en un petitorio para que se creara el Fondo de financiamiento, se realizaron eventos culturales,  de organismos de Derechos Humanos. Todo un despliegue para hacer llegar a los medios el conflicto y romper con  la minimización que le había dado el menemismo. La Carpa se transformó en una caja de resonancia de los sindicatos provinciales y recibió la solidaridad y adhesión internacional de organizaciones docentes y sociales.

Pero el corazón del neoliberalismo es muy duro y, aunque se logró fortalecer  el sindicalismo docente y que el problema fuera conocido, las soluciones propuestas no llegaron y sólo se implementó una (el incentivo docente) que no estaba a la altura de lo reclamado.

Desinstalada la Carpa, otro desengaño: de la Rúa no cambió el modelo sino que lo profundizó. Más ajuste estructural, la reforma laboral y flexibilización laboral, reducciones salariales a estatales (incluye docentes), reducción de presupuesto educativo. En algunas provincias ya los docentes habían caído bajo la línea de pobreza y acercaban sus luchas a las del resto de los sectores sociales excluidos. La escolaridad misma estaba en peligro. No olvidemos que muchos docentes además de cumplir con sus tareas educativas debían cubrir las necesidades básicas (alimentación, útiles escolares) de sus alumnos cuyos padres no tenían trabajo.

Las protestas y conflictos surgían por todo el territorio nacional y se agitaba sobre el gobierno la amenaza de reinstalar la Carpa Blanca.

Durante el gobierno de Duhalde tampoco se intentó el más mínimo cambio en la política educativa menemista. Y los conflictos se siguieron multiplicando en las provincias. Atraso en el pago de sueldos, pago en cuotas y con bonos. Nuevas estrategias de protesta por parte de los docentes como la Caravana Educativa que partió de Entre Ríos, San Juan y Río Negro y confluyó en Buenos Aires.

En este marco caótico comenzó el año 2003 y el nuevo gobierno.

Entre Ríos sufría el mismo empobrecimiento que las demás provincias. El sindicato docente entrerriano (AGMER) denunciaba continuamente la fragmentación progresiva del sistema educativo provincial y la exclusión que ésta generaba. Además, se reclamaba por el constante adeudamiento de salarios. En mayo de ese año no habían comenzado las clases todavía ya que se adeudaban los sueldos desde principio de año.

Es en ese momento cuando el flamante presidente decide enfrentar el problema yendo en persona y sin custodia presidencial a Entre Ríos. Su también flamante ministro de Educación, Daniel Filmus, estaba desde el día anterior en conversaciones con los dirigentes docentes. Lo que nadie esperaba era que el mismísimo presidente se presentara en la provincia. Lo que pasó después fue el anuncio de que la forma de hacer política había cambiado. Néstor Kirchner rechazó la custodia que le ofrecía el gobernador Montiel al llegar a Paraná y se abrazó con los maestros. Después, escuchar los reclamos pero escuchar de verdad, con idea de solucionarlos. Y la solución: los sueldos se tenían que pagar. Por dos razones: los maestros necesitaban comer y los chicos educarse. Todos firmaron un acta acuerdo. El gobierno nacional transferiría el importe para cancelar las deudas salariales a la provincia que se comprometía a destinar ese monto “exclusiva y estrictamente” al pago de la deuda y no volver a incurrir en atrasos salariales. Por su parte, el sindicato docente se comprometía a suspender las medidas de fuerza y retomar las actividades educativas recuperando los contenidos de las clases no dictadas.


Habían sido muchos años de reclamos sin respuesta y los docentes se habían acostumbrado a no ser escuchados. Ahora había alguien en el gobierno que escuchaba y actuaba pero mirando desde el lado de acá, de la Patria.




Silvia Abelleira

Militante de La Néstor VIVE

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