jueves, 2 de enero de 2014

OPOSICIÓN En enero de 2011, Tumini criticaba a la UCR por ser "la cara del bipartidismo"

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Hace un año, el errático Humerto Tumini, dirigente de Libres del Sur, publicaba una columna en la que criticaba al tradicional partido. Y agregaba: "El camino es otro, es el que recorre Proyecto Sur con Pino a su frente". Mirá la columna.
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En htumini.com.ar I La más que centenaria Unión Cívica Radical escribió gloriosas páginas en la historia patria de la mano de su fundador don Leandro Alem y, particularmente, bajo la conducción del “Peludo” Yrigoyen. Con todas sus contradicciones y claroscuros, los radicales metieron una cuña más que vigorosa en el monolítico régimen conservador de fines del siglo diecinueve y las primeras décadas del veinte.
Sin embargo, los oligarcas de aquel entonces, hábiles y experimentados en eso de conservar el poder, no se quedaron cruzados de brazos frente a tamaño desafío. Hicieron su cabeza de playa con los antipersonalistas y con Alvear en el novel partido que los desafiaba. Hasta el año treinta la disputa interna fue durísima pero, con idas y vueltas, terminó predominando don Hipólito. A punto tal que para derrotarlo tuvieron que destituirlo a punta de ballonetas, en el primer golpe de Estado de la Argentina moderna, aquel nefasto 6 de septiembre.
A partir de allí ya nada fue lo mismo en la UCR. Aliados de los conservadores en la infame década del treinta y cómplices del fraude electoral de aquellos; otra vez aliados de los oligarcas contra Perón en la Unión Democrática de los cuarenta, y más tarde apoyando el golpe de la Libertadora del ’55. Recuperaron un poquito la memoria en los sesenta, con un presidente digno como Arturo Illia (que sin embargo no cuestionó la proscripción peronista que permitió su llegada a la Rosada); pero la perdieron rápidamente pocos años después, cuando el líder partidario de ese entonces, Ricardo Balbín, a mediados de marzo de 1976, faltando apenas meses para las próximas elecciones presidenciales y en circunstancias más que graves, se dirigió a la ciudadanía por la cadena nacional de radio y televisión diciendo: “Algunos suponen que yo he venido a dar soluciones y no las tengo”, convocando así, abiertamente, al golpe militar. Actitud que se continuó luego con el tácito apoyo a la dictadura videlista.
En los últimos años del gobierno militar  y frente al creciente desprestigio del balbinismo, surge en la UCR un movimiento renovador encabezado por Raúl Alfonsín, que se impone en los comicios internos conduciendo luego el partido al triunfo en las presidenciales. Parecía, en su discurso, que renacía el pensamiento nacional de los orígenes radicales. Poco duró la ilusión, apenas dos años de forcejeos con los factores de poder. Ya en 1985, plan Austral mediante, claudicaron. Después vendría “la casa está en orden” y el triste final.
Un corrupto y derechoso gobernador, Angeloz, de candidato presidencial en 1989, un pacto en Olivos con Menem luego, la viveza para llegar de nuevo a la Rosada enancados en votos progresistas, un helicóptero para irse, el estallido y los tres candidatos del 2003, un peronista, Lavagna, al frente de su fórmula en 2007, fue la patética historia radical de los últimos veinte años.
Sin embargo ahora, que algunos avatares de la vida política del país y la ayuda de algunos factores de poder mediáticos les ha vuelto a dar cierto oxígeno, dice la dirigencia radical que pueden cambiar -esta vez sí- el país en un sentido de progreso. ¿Y por qué habría de ser cierto esto, si no lo ha sido en los últimos ochenta años, y particularmente de 1983 a la fecha? Analicemos las cosas.
Julio Cobos fue el primer candidato que iluminaron las luces del centro, allá cuando traicionó al gobierno Nacional por el que fue electo con su voto “no positivo”. Algunas de sus definiciones respecto de lo que haría si llega a la presidencia, las acaba de dar en un reportaje del día de ayer en La Nación. Dice Julio Cleto -en medio de algunas mentiritas de campaña como que usaría las reservas para hacer viviendas- que frente a los cortes de protesta “pondría orden”, que la policía “tendría que ir con armas a algunas manifestaciones”, que él bajaría la edad de imputabilidad “a los 14 años porque ya son conscientes”. También está “en contra de legalizar el aborto”, y dice que para recuperar el ferrocarril “hay que arreglar con el club de París”. ¿Y las diferencias del hombre con Macri? Escasas.
El senador Ernesto Sanz, el mismo que dijo que a la Asignación Universal por Hijo los pobres la usaban para comprar droga y timbear, es el último candidato radical a la presidencia que salió al ruedo. Pareciera que es el pollo del establishment -al menos en la interna-, cuestión que no se encarga de desmentir demasiado mientras veranea con Gabriela Michetti en su finca mendocina.
Por último, lo tenemos a Ricardo Alfonsín. ¿Será la excepción? Todo indica que es una buena persona, pero también que está rodeado en su partido de otras no tan buenas (en política, al menos). Rozas, Brodersohn, Morales son algunos de los que hoy aparecen en la primera fila. Si el candidato radical finalmente es él, aparecerá el resto del staff permanente del partido: Nosiglia, Storani, Leopoldo Moreau, Jesús Rodriguez, Sorrouille de asesor, Terragno y tantos más, que acompañaron hasta el final en altos cargos de gobierno los fracasos y claudicaciones de Alfonsín padre y de De la Rúa. Los mismos que abonaron desde la UCR – junto con el PJ- la destrucción neoliberal del país durante 30 años. ¿O no ha sido así?
A tal punto se observa desde ahora -no en el futuro, ahora- la influencia del “núcleo duro” radical, como gusta decir Solanas, en la propuesta de Alfonsín, que éste, en reciente reportaje en La Nación, donde se explaya largamente sobre lo que haría de llegar a la presidencia, no hace ninguna mención -ni una- respecto de tocar las rentas extraordinarias de los sectores más concentrados; para así, mínimamente, poder satisfacer la larga lista de promesas que hace en cuanto a jubilaciones, empleo, educación, pobreza, salud y demás ítem sensibles para la mayoría de la ciudadanía. ¿Y cómo cumplirá si no cambia las políticas actuales del kirchnerismo, establecidas por Martínez de Hoz, Carlos Menem y Cavallo, respecto del petróleo, la minería, las finanzas, el agro, etcétera? La verdad es que, más firme, era su padre quien aunque no cumplió finalmente, en su momento se animó a decir que se iba a pelear con el Fondo por la deuda, con los oligarcas por un impuesto a la tierra, y con los bancos por la especulación financiera (“Llevaremos de una oreja los gerentes de los bancos a levantar las persianas de las fábricas”). Su hijo Ricardo, nada de eso. Sí aclara en cambio que le parece bien usar las reservas para pagar deuda, que le abonaría al Club de París, que no le preocupa que el FMI revise nuestras cuentas y que “no está pensando” en estatizar ninguna empresa de servicios. Paralelamente se muestra preocupado en “inspirar confianza” para que venga inversión extranjera. ¿Y quién le dijo Ricardo que esas inversiones son para bien del país? ¿Su correligionario López Murphy?
No hay salida de progreso para nuestra Nación de la mano del bipartidismo, ni del justicialista ni del radical, de ninguno de los dos, la vistan como la vistan a la propuesta, la encabece quien la encabece. Bien deberían tener en cuenta esto fuerzas como el Partido Socialista y el GEN de Margarita Stolbizer. La Alianza ya fracasó, no hay que golpearse dos veces con la misma piedra, es la Nación y su pueblo quienes lo sufren luego.
El camino es otro, es el que recorre Proyecto Sur con Pino a su frente: poner en pie a lo largo y ancho del territorio nacional una opción al bipartidismo. Unidos podemos cambiar la Argentina.

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